¿Hasta qué punto las multitudes son sabias?

Un primer problema es que el concepto en sí mismo es suficientemente vago para que muchísima gente que no tiene nada que decir se ponga la etiqueta de “web 2.0″, al estilo de la avalancha de las .com a mediados de los noventa. Teniendo en cuenta que cualquier definición, estilo, moda o paradigma es finalmente reutilizable y abusable, no creo que sea una objeción de peso. Por muy bien definido que esté nuestro modelo, si se convierte en algo exitoso, inevitablemente alguien desarrollará una reutilización excesiva para arrimar el ascua a su sardina. Lo que tenemos que hacer es reconocer las aplicaciones genuinas y evitar las que no van a ningún sitio.

Una crítica más elaborada, desde coordenadas posmodernas de crítica a la cultura globalizada digital o desde el modelo desarrollado por Hard y Negri en Imperio ponen de manifiesto el cinismo del capital que convierte nuestro tiempo de ocio en tiempo de trabajo. Mientras hacemos un enlace a nuestras páginas favoritas o participamos en un foro sobre un tema de nuestro interés, o estamos comprando un libro en Amazon, al mismo tiempo estamos trabajando (gratis) para el “sistema”, ayudando a Google, Amazón o Ebay a aumentar sus beneficios, al mismo tiempo que ofrecemos información privada sobre nosotros mismos y los que nos rodean. Creo que es una advertencia potente, y que en nuestros proyectos culturales basados en web 2.0 hemos de vigilar el uso final que se hará de las informaciones de los usuarios, evitando que terceros ajenos al proyecto acaben rentabilizando el esfuerzo desinteresado de muchos.

Algunos expertos como Bruce Sterling (periodista y escritor de ciencia-ficción) apuntan al hecho de que las aplicaciones de web 2.0 necesitan complejos desarrrollos de programación, no accesibles a los amateurs, frente a la facilidad en que podía hacerse webs en los primeros noventa, con el simple lenguaje HTML. Para Sterling, en parte la web 2.0 es una estrategia de los expertos en ordenadores para volver a tener la exclusiva en el desarrrollo de aplicaciones, y volver a disfrutar de la situación de poder de la que disponían. Aunque el mismo Sterling bromea cuando lo presenta como una especie de conspiración, no es menos cierto que el modelo de web 2.0 ha de convivir con otros sistemas más sencillos que permitan a los amateurs construir sus sites. Por otra parte, no es menos cierto que aunque conseguir que una web aloje blogs es técnicamente complejo, no es menos cierto que una vez tenemos acceso, mantener un blog resulta sencillo, mucho más que generar nuestro propio HTML.

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